El Junco es un pueblo en medio del camino que lleva desde Liborina hasta Sabanalarga en Antioquia, en medio de las montañas que bordean el cañon del río Cauca, en medio de un mapa sin puntos fijos.

Ganador del concurso Antioquia para verte mejor del año 2009 en la categoría Documental Aficionado.

viernes, 12 de febrero de 2010

El Junco un pueblo de Colombia, ganador!

El Junco un pueblo de Colombia from Punto Link on Vimeo.



El Junco un pueblo de Colombia, en su versión de 30 minutos, ganador del primer puesto en el concurso "Antioquia para verte mejor" en la categoría, documental aficionado.

Gracias al Junco por regalarnos sus historias.

martes, 6 de mayo de 2008

Qué es el Junco

Pues el Junco podría ser muchas cosas. El nuestro es un pueblo en medio de las montañas antioqueñas. Es un pueblo de tres calles, 500 habitantes según los cálculos, y mas o menos 150 o 200 años de historia.



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Cuando uno llega al Junco, uno se pregunta porque existen pueblos como este tan alejado (y supone que siempre, siempre, hay mas alejados que este). Uno ve esas montañas llenas de años, como si la tierra se hubiera roto y de ahí hubieran salido ellas. Uno ve los campesinos. Habla con ellos. Mira los niños. Te quedas tres días… cuatro. Puedes ir a muchas partes.

El Junco es tan pequeño que lo recorres en un día… entero. Pero su gente hace que ese recorrido sea un poco más largo, con un cafecito, un platanito, una agüita de panela. O simplemente una conversación… larga, o de tres palabras, de las que resultan siempre muchas sonrisas.


El Junco, es uno de esos lugares que todavía existen y uno se pregunta el porque…el río les trae las cosas del mundo y las montañas les permite protegerse… conservarse…



Al Junco la luz llego en los 80´s. Siempre hubo EDATEL… pero ahora los campesinos tienen celulares, casi todos, ya se levantan con ellos pero todavía recogen los huevos de las gallinas en las mañanas.

En el Junco solo se coge en la radio, o Caracol, o la Emisora de Sabanalarga. En el Junco hay parabólica, y la gente baja a Medellín a comprar DVDs, para regresarse al otro día. Pero la verdad, es que no necesitan mucho.

Los hombres trabajan la tierra. Por estas tierras se ha cultivado café desde hace muchos años… y todavía. Uno creería que es con el Café con lo que viven. Esperan la cosecha, recogen la platica, pagan deudas, y el resto del año viven a crédito esperando de nuevo la cosecha.

En el Junco, se fabrica en los establecimientos su propia panela, cultivan su propio maíz, y su propio fríjol. En el Junco no necesitas comprar revuelto. El vecino te comparte, si te hace falta algo.




Las mujeres recogen la leña, cuidan los marranos, a veces suben a las fincas y trabajan como hombres. Ahora algunas estudian y se preparan en programas educativos ya sea para terminar el bachillerato o para aprender a trabajar la tierra.

Los que están en el Junco, están porque la vida es así, y salir de allá se puede, pero llegar a Medellín es muy duro. Pero están también porque allá las cosas al final son más fáciles, mas tranquilas. Allá se necesita dinero para pocas cosas, casi siempre hay algo que hacer, ya sea darle la aguamasa a unos marranos, llevar un revuelto a una tía o pintar la estatua de la virgen. En el Junco siempre hay que hacer.



Ir al Junco es la oportunidad de llegar a un lugar donde hay silencio, un silencio lleno de murmullos bonitos, como si la vida le hablara a uno. Es la oportunidad de volver a ser montuno. De pasar unos días tranquilos, llena de calidez entre la gente.



Amanecer en el Junco


El Junco despierta muy temprano… a las 4 o 5 de la mañana.

5:30 El sol empieza a aclarar el día, los pájaros se oyen, hay un murmullito, los gallos cantan.Hay niebla densa en las montañas, el sol va entrando por un ladito y de a poquitos. Los campesinos pasan en los caballos, y se siente la herradura contra el camino de piedra. Las mujeres despiden a los hijos para la escuela y a los maridos para el trabajo. A veces también las mujeres madrugan a trabajar.




7 am. Uno baja a la sabana y llega la escalera para Sabanalarga. Unos van para el colegio. Otros van a trabajar. Las mamás con sus niños en brazos para una cita al médico. Otros, solo van a hacer una vuelta.

En la Sabana ve uno por las montañas a la gente subiendo por esa loma para ir a la finquita, y los niños que bajan de por alla arriba para la escuela, y el arriero que pasa en su bestia y su radiecito para el lado del Alto, o para Machado, para el Madero loma arriba.

En el camino unos y otros se esperan para ir juntos a trabajar, o se encunetran para un saludo, o para dar una razon. Otros solo esperan.

La gente se va yendo. Hoy lunes, hay que trabajar. El Junco va quedando solo.

8am. Hoy madrugaron a pintar la virgen. La virgen está desde hace muchos años, ya casi no recuerdan desde cuando. Julio Cesar Jaramillo la mandó poner para que velara por este pueblo.

Ellos no recuerdan que la hayan pintado alguna vez.

11am. El día apenas comienza y el ya volvió del Cauca con su carga de leña.


12m Los niños salen ya de estudiar. Y uno los ve jugar, cantan esas rondas infantiles, que desde siempre los niños han cantado…

“…me llamaron por teléfono, de la zapatería, me pusieron minifalda, se me ve la colombina… hay que chicos tan locos, se han caído de la silla… a la chiqui chiqui chiqui, a la choco chocolate… Nosotras las mujeres, le enseñamos a los hombres…”

Juegan fútbol, montan en la bicicleta, juegan en el pasamanos…

Mientras que en la mañana El Junco está solo, en la tarde todos empiezan a volver a sus casas. Los niños juegan por las calles, los hombres le dan de comer a las bestias. Hay que darle de comer a los marranos. El día se va terminando otra vez.

domingo, 4 de mayo de 2008

Cómo se llega a El Junco

Para Llegar al Junco, como para ir a cualquier lugar adentro de las montañas de Colombia, hay que ir a la Terminal de buses, (a la de del Norte, en Medellín). Hay que comprar un tiquete que cuesta 16.000, y los horarios de salida son las 7am, 10:45am o las 3pm.


Por lo pronto, yo voy para El Junco, porque El Junco es un lugarcito que me contaron, que ya visité. Es un lugar al que vamos (Juan David y Ana María) para contar las historias de los que viven allí. Porque un lugar existe en la medida en que es contado.

Dejar la ciudad. Los carros, el ruido. Subir por las montañas para salir de esta ciudad. Salir por Robledo, ver la ciudad desde arriba, el metrocable, los moteles, el barrio.

Llegar hasta San Cristóbal es ver ya el campo apenas saliendo de la ciudad. Ver los cultivos, las montañas verdes y la tierra amarilla.

Allí se toma el desvío que lleva hasta el Túnel Fernando Martínez. EL túnel redujo la carretera a 4 horas. Siempre y cuando no haya imprevistos más adelante.

Entrar al túnel es entrar a otro clima, todo oscuro, todo amarillo. 4 kms, atravesando el interior de una montaña antioqueña. Cuando uno llega al otro lado, no se ven sino montañas, y hasta hay otro clima.

Y empieza uno a bajar…Hace calor.

El bus entra por unas calles estrechas, unas casas de esas viejas, de puertas de colores, paredes con texturas. Va subiendo y se abre una plaza, es sábado y hay mucha gente. Es Sopetrán. Los carros con los mercados, que van pa´ las veredas.

El bus recorre los cuatro lados de la plaza. Pasar por un pueblo de esta forma, es untarse un poquito, echarse a sopetran por los ojos, y seguir el camino.

Cuando uno sale de Sopetrán se ve el Puente de Occidente. Y el río Cauca… Dorado… que es como si el río, el sol y el color de la tierra fueran uno solo.

La carretera va cerquita al río. Por las curvas va pitando el bus para avisar al que viene del otro lado. Vamos pasando entre pueblo y caseríos, Olaya, Sucre, calles viejas y solas, en silencio... patrocinadas por Chocolate Luker.

Empieza a hacer más calor. Otro pueblo, este es Liborina. Primer destino final de nuestro bus. Allí 15 minutos de parada. Un refresco, un baño, por favor. Unos ya llegaron, otros inician su camino. Nosotros seguimos hasta el junco: falta una hora larga.

Desde Liborina empieza la carretera destapada. El bus levanta el polvo, la boca te sabe a tierra.

Que hay un tramo malo de la carretera, que nos demoramos, que bájense mejor aquí pa que se refresquen, Que aquí por lo menos hay eso, donde está el daño no hay nada. Nos bajamos en unas casas a la orilla de la carretera.

Nos toca esperar.

Esta carretera se vuelve el patio trasero de estas casas. Los niños juegan, las gallinas se pasean por la mitad picoteando el polvo, sin riesgo de morir atropelladas. Las bestias amarradas en las columnas de madera. Cargan los timbos de leche. Detrás de las casas, las montañas infinitas.


Los viajeros avisan. Llaman por el celular y hablan de su retraso. Que un arreglo de la via. Que no hay paso, que ya casi pero que podrían ser dos horas mas.

El conductor del bus nos dice que nos montemos. Vamos a ver que es lo que interrumpe el camino.

Carretera. Tres curvas mas y a lo lejos se ve la maquina amarilla irrumpiendo el paisaje. Tumulto de gente. La ultima curva y el bus se detiene. Ahí vamos. Hay dos buses al otro lado esperando. El cura en su jeep tambien espera. Nosotros esperamos.

Esto es viajar por las carreteras de Colombia. Esto es normal. Esperar todo un dia, una tarde a que abran paso, por uan carretera que siempre esta en reparación, o que debieron haber pavimentado, pero que se han robado la plata mas de tres veces...

Cuando hay paso la gente se apura, a pesar de la espera con paciencia.

Unas gotas de lluvia, unas cuantas curvas y sobre el costado izquierdo, unas casas... ese es El Junco. La lluvia nos recibe. El Junco nos recibe en su silencio. Solo nosotros nos bajamos aquí. Son casi las 4 de la tarde.

domingo, 27 de abril de 2008

El Junco de Juan David





(Ahora, y antes) para mí que es El Junco

por Juan David Escobar

Para mi el junco es cualquier parte, eso si es cierto. (Todos llevamos un junquito en el corazón).

Por más citadino que seas, por tu sangre corre estirpe montuna, alguien de tus antepasados nacieron en las montañas.

Mi familia es de Salgar, Concordia y Bolívar, pueblos de Antioquia, tierras cafeteras. Vivian en finquitas a 3 o 4 horas en mula. Se comía quesito entero al desayuno, arepa hecha en fogón de leña, frutas, y plato de frijoles en las noches todos los santos días.

Yo no se nade nanas, lo más parecido fueron mis primas que cuando crecieron se fueron para otros fogones.

El Junco es el lugar de Ana María, pero yo viaje con mi imaginario, la acompañe como contador de historia que soy, como amigo, como viajero, como pobre y campesino, como camarógrafo que mira y que es nada sin una cámara en la mano.

Ahora el Junco es un poco mío, también, y pronto de ustedes, pronto.

viernes, 18 de abril de 2008

Un atardecer jugando en el morro de El Junco





Tres calles entre las montañas

¿Dónde queda El Junco?



Por Ana Maria Vallejo

Cuando yo estaba chiquita veía a Nena (Elena Bedoya, mi nana, 54 años, me vio nacer, crecer, mi mama numero 2) venir los festivos de El Junco. El Junco quedaba muy lejos, porque ella siempre llegaba tarde, según ella la carretera era muy mala, y los carros apenas cabían en la vía. Era muy miedoso ir. Mi papa le decía en tono de charla que en El Junco el policía tenía una pistola de cartón. En El Junco no pasaba nada, ¿que podía pasar en el El Junco?

Cuando Nena se iba de vacaciones, ella además casi no podía llamar. Cuando podía era que la telefónica estaba en servicio, pero que vaina, era muy caro llamar. Además si uno la llamaba, uno preguntaba por Elena Bedoya, y ella iba en 5 minutos, cuando uno repetía la llamada.

Así era El Junco. Para mí, un lugar lejano, mítico, de donde nena y sus comadres venían, de donde contaban historias, a donde volvían donde sus abuelas y tías que no estaban en la ciudad, donde sembraban el terrenito con el café, la carguita que vendían en octubre, de donde traían una morcilla deliciosa y unos chorizos no me olvides, inigualables. O donde Nena soñó tener su casa propia. O rosita su finquita, donde Lola creció, crió sus hijos, de donde Saúl, el mono, venía cada ocho días a la ciudad para llevar verduras. Donde todavía hacían arepas de maíz, maíz, cocinadas en fogón de leña.

Luego entendí donde quedaba el junco. Ahhh! Que si, que por Sabanalarga, que eso queda al final de una carretera que se toma por Sopetran, que hay que pasar por Liborina y que ahí a una media hora antes de Sabanalarga, quedaba El Junco. Que por supuesto El Junco quedaba en Antioquia y que eran cerca de 5 horas de camino, cuando la carretera estaba buena y no había varados en el camino.

Luego mire a El Junco en GoogleMaps. El Junco, no existe en el mapa. El Junco como vereda no sale, ni como caserio, ni como punto de referencia. Si se ve Sabanalarga, pero desde Liborina hasta Sabanalarga no hay trazo de camino, ni carretera.

Primera confirmación: El Junco podría ser el final del mundo, un lugar perdido en medio de la nada, pero metido en mi imaginación de niña. Había que llegar hasta El Junco.

24 años de vida y fui a conocer El Junco.


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Volver del Junco

Y volví del Junco.

Muchas sonrisas, un calorcito adentro de haber estado allí. Donde, como me dijo alguien, la gente y la naturaleza son tan sabias... tan bonitas.

Volver del Junco es saber que una vida mas simple y mas tranquila, con otros tiempos, es posible.

Es tener en mi cabeza historias, experiencias, gente, que ya no está más en el olvido. Porque si alguien puede recordar, evita que la memoria haga de las suyas en el tiempo.

Y ahora el Junco, es también mío.



JUNCO 1.

(Del lat. iuncus).

1. m. Planta de la familia de las Juncáceas, con tallos de seis a ocho decímetros de largo, lisos, cilíndricos, flexibles, puntiagudos, duros, y de color verde oscuro por fuera y esponjosos y blancos en el interior; hojas radicales reducidas a una vainilla delgada, flores en cabezuelas verdosas cerca de la extremidad de los tallos, y fruto capsular con tres ventallas y muchas semillas en cada una de ellas. Se cría en parajes húmedos.

2. m. Cada uno de los tallos de esta planta.

3. m. Bastón para apoyarse al andar.

4. m. Planta de la familia de las Ciperáceas, abundante en toda España, con rizoma rastrero, tallos cilíndricos finamente estriados e inflorescencia formada por varias cabezuelas globosas, de flores muy pequeñas y situada cerca del ápice del tallo.

JUNCO 2.

El Junco es un corregimiento del Municipio de Sabanalarga, Antioquia. Un pueblo de Colombia.
Ubicado a 125 Kms de la ciudad de Medellin.

El Junco, está adentro, entre las montañas de la cordillera central de Los Andes. Cerca al Rio Cauca.

Sus actividades económicas están basadas en la agricultura y la ganadería. Principalmente el café.

Su nombre proviene de Pedro Junco, un indígena que habitó estas montañas, pero también de unas ramas que crecen en los lugares húmedos cercanos al pueblo. Por que según dicen, en el Junco hace muchos años antes había muchas lagunas.